JABALÍ (SUS SCROFA)

El aspecto de este cerdo silvestre es de macizo y corpulento. Cabeza muy voluminosa y cónica que se alarga en un hocico prominente. Su cuerpo es mucho más compacto que el de los cerdos domésticos y está cubierto por unos pelos largos y fuertes. Las patas son muy cortas y con unas pezuñas hendidas y anchas. La hembra es en toda su anatomía hasta una tercera parte más pequeña que el macho.
El cráneo del jabalí presenta una característica bastante peculiar y es la presencia en el morro de una pieza ósea independiente que es la que le da gran movilidad al hocico. Los dientes son típicos de un ungulado y su diferencia estriba en que es el único de esta especie con los caninos muy desarrollados.
Los sentidos mejor dispuestos de este animal son, y por este orden, el olfato que está superdesarrollado, y el oído que es muy fino; en cambio la vista es regular y no es capaz de distinguir los colores.
Los caninos de la mandíbula inferior del jabalí macho crecen de una manera extraordinaria curvándose hacia arriba. En la mandíbula superior crecen las amoladeras que ensamblan a la perfección con la cara posterior de las navajas (el arma defensiva del jabalí), con lo éstas se están afilando siempre. Los caninos van aumentando de tamaño con la edad, y por ser de raiz abierta, pueden crecer independientemente, llegando a alcanzar hasta los 15 cm en individuos de 5 o más años.
El jabalí puede vivir en todos los ecosistemas, desde las montañas (hasta los 1600 m de altitud) hasta las zonas costeras, pero donde alcanza su mayor densidad de población es en el bosque caducifolio, donde hay más recursos y mejor cobijo. Siendo el papel ecológico de este animal muy importante porque con su infatigable hozar contribuye a la aireación de la tierra y facilita la dispersión de diferentes semillas, y con ella, su germinación. Se ha podido comprobar que un bosque sin jabalíes es más pobre en arbustos y pastos que uno que cuenta con una buena población de miembros.
Los territorios de los jabalíes machos son perfectamente reconocibles por las cuchilladas realizadas con sus defensas en los árboles, y a menudo aparecen junto a las peladuras de los rascaderos.
Los desplazamientos de los sus scrofa, al ser animales muy vagabundos, son grandes (llegan a caminar hasta 100 km en una noche). Se mueven en piara, es decir, grupos de hasta 50 ejemplares que generalmente son dirigidos por una vieja hembra. Son frecuentes los cambios en las laderas estacionales mediante los cuales la piara ocupa la solana en invierno y la umbría en verano.
Su alimentación va desde productos vegetales cultivados 25%, bellotas y frutos silvestres 46%, bulbos, tallos y setas silvestres 15% y alimentación de tipo animal (incluye batracios, pequeños mamíferos y reptiles) 14%.
La higiene del pelaje resulta de gran importancia para los jabalíes, pues son muchos los parásitos que los mortifican. Por eso se rebozan en barro con tal asiduidad que uno de los mejores indicadores de la presencia de jabalíes en un territorio son precisamente estos desmontes, revolcaderos y excavaciones en las orillas de los ríos, arroyos y charcas, o simplemente zonas húmedas donde pueden obtener barro. Y que mejor sitio para rascarse y quitarse el barro que un árbol y su favorito el pino, por el olor intenso de su resina.
Durante la vida del jabalí hay varias etapas que son: rayón cuando es pequeño, bermejo cuando alcanza la madurez sexual y verraco adulto.
Los machos viejos de más de 5 años viven aislados y a veces se hacen acompañar de un “escudero”. La costumbre de emparejarse con un escudero no es única de los jabalíes, se ha observado también en especies tan distintas como leones o elefantes. Se sospecha que el escudero precede al señor en los desplazamientos, con lo que puede advertirle del peligro. A cambio de sus servicios, el escudero obtiene la experiencia del amo.
Los jabalíes machos, cuando llega la época del celo olfatean a las hembras para saber su posible receptibilidad sexual y únicamente cuando la jabalina se encuentra en el momento crítico (que coincide con ovulación) acepta la cópula, permaneciendo inmóvil durante su larga realización.

Hola, soy Antonio, y después de escribir un poco sobre este cerdo, que podéis ver a lo largo y ancho de nuestra finca haciendo turismo rural de una forma desenfrenada, tanto es así que he tenido que vallar alrededor de la vivienda y el huerto para evitar que entrasen a cenar. Si los queréis ver en su salsa, o mejor dicho, en su barro, no dejéis de pasaros por nuestra casa-molino para conocerlos mejor, y con esto me despido hasta la próxima para que penséis en un buen turismo rural. Chao.

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